Afirmaciones, Discernimiento y Alegría Agridulce

Un Vistazo a la Comunidad de Voluntarios de NPH México
Febrero 15, 2017 - México

Un retiro para los voluntarios en las pirámides de Teotihuacan.
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Comunidad. Había vivido esta palabra en diversos contextos antes de mi llegada de Nuestros Pequeños Hermanos en Miacatlán, México. Entre que viví en el extranjero, crecí un una familia numerosa y que fui a una pequeña universidad católica en la que todos nos conocíamos, había crecido acostumbrada a la cercanía, singularidad y diferencias que representan las distintas comunidades. Ahora, mientras que mi compromiso como voluntaria va llegando a su fin, estoy sentada en mi pequeña habitación, aplastando a una araña, mientras reflexiono sobre lo que ha significado ser parte de una comunidad de voluntarios en NPH México.

Para ser completamente honesta, ha sido absolutamente diferente a lo me había imaginado, tanto en todos los sentidos. Nunca esperé ser capaz de entender a mis compañeros voluntarios sin usar palabras. He podido entender e intuir caras y sonidos: la expresión facial del cansancio extremo al final de un largo día, el alarido que significa que tu compañero de cuarto es un alacrán o vinagrillo, la expresión de los ojos acompañada del rechinar de dientes que quiere decir ya soporté cinco berrinches consecutivos del niño más malportado y las lágrimas de tristeza acompañadas de una sonrisa, al reconocer la realidad agridulce de lo maravilloso y complicado que es ser parte de esta familia de NPH.

Sabía que amaría a mis niños, sabía que tendría dificultades con el español, pero no tenía idea de que la conexión que siento con este grupo de individuos sería tan "otra" y distinta que cualquiera de las experiencias que había vivido. Como estudiante e intelectual desesperada, he pasado horas y horas anotando, rezando y tratando de discernir cómo puedo contribuir para dar lo mejor de mí a mis niños, empleados y otros encargados, y a mi comunidad de voluntarios. A veces, estas horas terminaban en llanto, extrañando mi casa, y para mi sorpresa, sintiéndome sola. ¡Y pensar que uno puede estar rodeada de personas y sentirse sola! Sin embargo, últimamente estas horas de reflexión terminan con un sentimiento de propósito, un sentido renovado de mi misma, alegría y motivación para hacer más.

Una de mis sesiones de reflexión más recientes se enfocó en pensar de qué manera podía fortalecer a mis compañeros voluntarios. A petición de nuestro coordinador, cada uno de nosotros tenía que encontrar tres cosas que admirábamos de los demás voluntarios para compartirlas en un retiro. Subimos a la Pirámide del Sol en Teotihuacan, y al llegar a la cima, leímos entre risas, lágrimas y recuerdos agridulces las palabras que anotamos en nuestros celulares, tarjetas o las que salieron espontáneamente. El retiro me dio una gran perspectiva, alegría, calidez y un muy necesario sentimiento de paz interior. No sólo reconocí aquellas cosas que había aprendido a amar sobre mis amigos en NPH, sino que me di cuenta de las diferencias entre mis amigos de aquí y los de casa con los que alguna vez tuve problemas; ahora hacían sentido.

Al reflexionar durante el día, reconocí algo muy, muy importante: éramos distintos, sí; tenía amigos y familiares más cercanos que me conocían mejor, sí; de todas maneras me sentía sola a veces, sí; pero lo que definía a este grupo era su "ser diferente". Sabía tantas cosas particulares sobre cada uno de estos individuos altruistas: qué comidas les eran absolutamente insoportables a cada uno, a quiénes les gustaba el mezcal, cuáles niños eran sus consentidos, cómo cada uno de nosotros manejaba la vergüenza cuando decíamos algo absurdo en español, y mucho más. Me di cuenta que estos bronceados, sudorosos y sonrientes güeros que me rodeaban me conocían desde hacía seis meses, y sin embargo, conocían facetas de mí que ni mis amigos cercanos ni mi familia habían visto.

A través de esta loca, triste, maravillosa, difícil, agotadora e increíble estancia en NPH México, hemos desarrollado un vínculo único que definirá nuestra amistad para siempre. Esta experiencia compartida, ahora lo reconozco, y nuestro crecimiento individual a través de ella es lo que siempre dará a nuestra comunidad un sentido invaluable de profundidad, cercanía y autenticidad que me ha impactado de manera permanente y que ha cambiado mi vida.

Katrina cristiano   
Bibliotecaria y Encargada

 

 

 

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