Lágrimas y Risas

Fanny comparte con nosotros su experiencia como voluntaria en NPH México. Aunque no fue el trabajo para el que aplicó inicialmente, aprendió a amar y a atesorar su trabajo como coordinadora del grupo chicas jóvenes.
Junio 28, 2018 - México

Fanny con una estudiante de bachillerato
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Para ser honesta, cuando me informaron antes de empezar a colaborar en NPH, que mi puesto de voluntaria cambiaría al de Coordinadora de Chicas Poderosas, estuve a punto de rechazarlo. Desde que llené el formato de postulación para ser voluntaria en NPH México, mi puesto había cambiado dos veces.

Desde el principio supe que quería trabajar en la casa donde viven los jóvenes de bachillerato, estaba segura de eso, pero originalmente había planeado tener un trabajo muy diferente en las oficinas de NPH México. A pesar de los cambios, decidí intentarlo.

Recuerdo que mis primeras semanas en Casa Buen Señor, donde viven los jóvenes de bachillerato, fueron difíciles. El Coordinador de Voluntarios me trajo a mi nueva casa junto con mi equipaje, me presentó a mis compañeros de trabajo y al resto del personal y me mostró mi habitación. Era una voluntaria solamente con 135 estudiantes en esa casa. Esa noche desempaqué y después bajé al comedor para cenar; el Director de la casa me presentó a los niños por primera vez. Para ser honesta, estaba muy nerviosa cuando entré al comedor: temblaba del susto, preocupada de que todos me veían y se preguntaban quién era y qué estaba haciendo ahí.

Las primeras semanas parecían interminables. Mi día laboral empezaba a las 8:30 a.m. en las oficinas de NPH México, donde planeaba los temas para trabajar en mis sesiones con mis Chicas Poderosas...amistad, autoestima, relaciones, noviazgo, educación, metas futuras, etc. Conocía poco a las chicas y recuerdo que las primeras sesiones fueron un poco caóticas, y hasta terminé sin voz. No estaba totalmente segura sobre cómo empezar o cómo interactuar con las chicas.

De todas maneras, al pasar las semanas y los meses, encontré la manera de interactuar con ellas y ellas conmigo también; así es como pude desarrollar mi propia filosofía y reglas para el programa de Chicas Poderosas.

El programa Chicas Poderosas se enfoca en el empoderamiento de las mujeres. Se reúne una vez por semana de 6 a 7:30 p.m. para comentar varios temas relacionados con las mujeres en la sociedad de hoy. Chicas Poderosas es un ámbito libre de juicio, un espacio para compartir dudas o preocupaciones, el lugar para que las chicas interactúen y creen un vínculo fuerte de amistad y apoyo mutuo.

Empecé las sesiones los lunes con las niñas de primero de bachillerato (28 chicas, ya que es obligatorio durante el primer semestre),después los martes con las chicas de segundo de bachillerato (12, ya que es opcional en este semestre).

Durante las primeras sesiones, organicé y planeé todo de manera muy académica con presentaciones en PowerPoint, preguntas para comentar y tiempo para ellas hicieran sus propias notas. Me di cuenta, sin embargo, que las chicas no estaban entretenidas con este método, ya que les recordaba el esquema de las clases tradicionales. Después empecé a cambiar el método de presentación. Inicié las sesiones con rompehielos, les mostré videos y llevé dulces para motivarlas durante los juegos. Pero lo más importante fue que compartí mi historia con ellas. Les platiqué sobre mi vida como hija de inmigrantes mexicanos viviendo en los Estados Unidos, y les expliqué cuánto tuvieron que trabajar mis padres y los sacrificios que tuvieron que hacer en un país ajeno al suyo. También les conté el esfuerzo que implicó y el costo económico que cubrí para pagarme mi carrera. Antes de escuchar mi historia, muchas chicas tenían un concepto erróneo de mí. Dado que vengo de los Estados Unidos, asumieron que provenía de una familia con muchos recursos.

Sin embargo, durante una sesión en la que comentamos la importancia de la educación y el futuro de cada una, les mostré fotos de mi infancia, compartí con ellas cómo llegó mi padre a los Estados Unidos la primera vez, y les expliqué sobre el racismo y el machismo que existen en mi ciudad. Lo que quería transmitir era un mensaje simple -la vida no es fácil para nadie, todo tiene un costo en la vida, a veces tenemos ventajas y otras desventajas que debemos enfrentar. Sin importar la situación en la que estemos, lo esencial es no perdernos en el abismo del conformismo y no dejarnos llevar por lo que aparezca en nuestras vidas.

Introduje varios temas relacionados con la autoestima para que las adolescentes pudieran tener más confianza en ellas mismas. Invité a una psicóloga, que además es instructora de yoga y meditación, para hablar de temas relacionados con la confianza necesaria para obtener fuerza y valor para sobresalir en la vida. Durante estas sesiones, varias chicas compartieron que en sus comunidades de origen las mujeres deben casarse y quedarse en casa cuidando a la familia y no tienen la opción de estudiar.

Pese a las ideologías que muchas chicas traen de sus casas, siempre les expliqué que estas maneras de pensar son distintas, porque los hombres y las mujeres actualmente merecen tener los mismos derechos. Es suficiente, es momento de que las mujeres despierten y luchen por la igualdad de género. Comunicar estos mensajes se convirtió en mi meta para el programa de Chicas Poderosas. Quería que la jóvenes erradicaran algunas ideas que traían de sus casas, y que en vez de éstas, promovieran la importancia de la educación para que pudieran lograr una vida estable y satisfactoria.

A través de videos, rompehielos, conversaciones, notas en sus cuadernos, visitas especiales, visitas a museos y celebraciones, logré ayudar a las chicas de bachillerato a que abrieran sus ojos y analizaran los problemas derivados del machismo en nuestra sociedad. Durante una sesión sobre la violencia en contra de las mujeres, las chicas estaban sorprendidas y enojadas cuando vieron un video sobre violencia doméstica y leyeron datos sobre la frecuencia con la que ocurre. Cuando jugamos algunos juegos rompehielos, las veía riéndose con sus compañeras de equipo mientras intentaban ganar. Había momentos en que querían continuar viendo un video o jugando un juego hasta la hora de la cena, a pesar de que nuestra sesión terminaba a las 7:30, porque estaban totalmente entretenidas. Después de las sesiones leía sus anotaciones, y había veces en que me emocionaba y se me salían las lágrimas mientras leía sus metas y sueños. Estaba orgullosa de ellas.

Fue durante uno de estos momentos que descubrí mi propósito en NPH México. Y fue durante una sesión de Chicas Poderosas que las jóvenes de bachillerato descubrieron su propósito en la vida. La vida es difícil, la vida es sorpresas y nos da vueltas, y no siempre logramos lo que deseamos. Yo transmitía un mensaje similar a las chicas: a veces debemos luchar, pero durante estos momentos es cuando se presentan las oportunidades.

Tengo la satisfacción de saber que logré que las chicas pensaran más allá de lo que conocían, logré que pudieran diferenciar entre la ideología tradicional y la actual en lo que se refiere a la mujer en la sociedad, pero sobre todo, logré que pensaran en su futuro. Con esto, espero que en dos, cinco o diez años o incluso cuando salgan de la universidad, recuerden las pláticas que tuvimos en Chicas Poderosas y con suerte eso les ayudará a tomar buenas decisiones en sus vidas.

No vine a NPH México a transformar a los niños, mucho menos a cambia el mundo. De hecho, hubo varias ocasiones, después de días extenuantes, en las que me preguntaba, ¿qué estoy haciendo aquí como voluntaria? Fue durante estos momentos que tenía que recordarme a mí misma que eran adolescentes, que tenían días difíciles y que no siempre estaban de buen humor.

Sin embargo, también había otros días, como cuando caminaba por la casa y escuchaba, "¡Fanny, ven acá!" o cuando me tapaban los ojos para que adivinara quién era. Volteaba para ver quién era y me encontraba con un par de ojos que me miraban con una gran sonrisa. Estos momentos son los que me recordaban porqué estaba aquí. Había ratos en que los jóvenes no estaban sonrientes, pero les aseguro que no eran frecuentes; teníamos pláticas al anochecer en el patio, bromeando entre nosotros o tocando la guitarra y cantando. Hubo días que nos reímos tanto que nos dolía el estómago. También hubo momentos en que alguno de los chicos me contó su historia y casi lloro. Y también días en que tenía que pedirles a las chicas que pusieran atención en nuestra sesión de Chicas Poderosas.

Hubo días en que regresaba a casa decepcionada porque uno de los chicos había reprobado varias materias y corría el riesgo de reprobar el año. Hubo días en que estaba muy orgullosa y feliz porque al practicar su inglés, uno de los chicos realmente intentaba tener una conversación fluida. Hubo celebraciones de la Independencia de México con bailes, banderasHubo y mariachis, altares para el Día de Muertos con pan, calaveritas y decoraciones coloridas.

Cantamos villancicos, hubo un pesebre y cuetes, pero sobre todo, había risas, lágrimas, abrazos, y mucho amor. Uno se enamora de los niños, eso es seguro. Eso es NPH, eso es NPH México.

Estefania Morales   
Voluntaria Coordinadora de Chicas Poderosas

 

 

 

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