Un Día en la Vida de un Voluntario

El "encargado" Kevin Mee nos dice por qué lo volvería a hacer.
Junio 3, 2016 - México

El Voluntario Kevin Mee viene de Arizona, Estados Unidos.
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Un Día en la Vida de un Voluntario en NPH México es de Locura.

Con 500 niños en la Casa en Miacatlán, no hay dos días iguales. Estar al cuidado de 45 jóvenes (entre 11 y 17 años) y ser el maestro de natación, implica que no hay ni un momento aburrido.

Entre semana, levantarse es el primer reto del día.

Si alguna vez trataste de levantar a 45 jóvenes o al menos a un adolescente, y organizarlos para que estén listos a las 6 de la mañana, mientras que estás medio dormido, entonces sabes de qué estoy hablando.

Una vez que se levantan y se bañan, hacen sus quehaceres matinales (hacen sus camas y limpian el baño, sala de estar y recámaras). Después van al comedor para tomar un refrigerio de pan dulce y té.

Mientras los niños están en la escuela, nosotros cuidadores tenemos nuestros propios quehaceres. Barremos toda la casa. Formamos varios "equipos" para barrer y nos repartimos las áreas a limpiar cada semana.

Cuando terminamos, tomamos un receso hasta las 10 y después le servimos el desayuno a los pequeños. Después de desayunar, ellos regresan a la escuela y nosotros limpiamos el comedor.

Soy muy bueno para echar y dirigir agua de la cubeta con mi mano, la técnica NPH empleada para limpiar mesas, mostradores y pisos. (¡Las cosas que se aprenden como voluntario!)

A las 2 p.m., los niños salen de la escuela y les servimos la comida.

Es cuando reviso qué sección de pequeños está lista para las clases de natación.

Al hacer esto todos los días, constantemente escucho: "¡KEVIN, KEVIN, HOY ES NUESTRO DÍA DE NATACIÓN!" Si no es el día que les toca, me recuerdan cuántos días faltan para su próxima clase. A manera de juego les digo cosas como, "no, hoy le toca a los chicos, o, hoy es jueves," y veo si mis respuestas los confunden o si se dan cuenta que es mi travesura.

Después de la comida, los pequeños lavan sus uniformes, hacen su tarea y otros quehaceres. Algunos niños barren, mis jóvenes van a la granja y otros barren las hojas del jardín. A esta hora es cuando voy a la alberca. Doy dos clases diarias de lunes a jueves.

Cuando terminan los quehaceres y las lecciones de natación, los niños participan en actividades organizadas: juegan futbol, volibol, basquetbol; nadan, corren o caminan, hacen entrenamiento "Insanity", actividades en la granja o juegan bote pateado.

Después de las actividades, los niños se bañan y se preparan para cenar a las 7 p.m.

¿Qué sucede después de la cena?

Varía, según la sección. Por ejemplo, los jóvenes de mi sección que no se bañaron antes de cenar se bañan, y cuando todos están listos, vemos una película hasta las 9 ó 9:15.

Como encargados, nos aseguramos de que todos los niños se vayan a dormir cuando llega la hora.

A las 10 p.m. termina nuestro día.

¿Es difícil? Sí.

¿Es divertido? Sí.

¿Es frustrante? Sí.

Han habido veces en que me digo a mí mismo, "podría quedarme aquí para siempre" y otras veces me he preguntado, "¿qué rayos hago aquí?"

He tenido días malos y días en que mis niños me han hecho enojar o estar al borde de las lágrimas. Pero esos días nunca son seguidos.

Este trabajo ha sido una experiencia de crecimiento en mi vida. Mirando hacia atrás, cuando era un adolescente, y comparándolo con lo que soy ahora, 45 niños diferentes me han forzado a crecer rápidamente.

Esta es una experiencia que no cambiaría por nada en el mundo.

NPH México   
Oficial de Comunicaciones

 

 

 

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